Reconocer que se depende de Dios y que se tiene una obligación para con Él

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Debo reconocer mi dependencia de Dios y mi obligación para con Él como mi Creador, Preservador y Benefactor.

Tú, oh Señor, me creaste, y no yo a mí mismo, y por tanto no soy mío sino tuyo, * soy de tu pueblo y de las ovejas de tu prado; * permíteme, por tanto, adorarte, postrarme y arrodillarme delante del Señor mi Hacedor. *

Tú, Señor, formaste mi cuerpo, el cual está formidable y maravillosamente hecho, y complejamente entretejido. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas. *

Me vestiste de piel y carne, me tejiste con huesos y nervios, vida me concediste y constante amor, y tu cuidado guardó mi espíritu. *

Eres el Padre de mi espíritu, * pues tú formaste el espíritu dentro de mí * y me diste esta alma. * El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me da vida. * Pusiste sabiduría en mi corazón e inteligencia en mi espíritu. *

Eres Dios mi Hacedor, que me enseñas más que a las bestias de la tierra y me haces más sabio que a las aves del cielo. *

Soy el barro, y tú mi alfarero; soy obra de tus manos. *

Tú eres el que me sacó del vientre; el que me hizo estar confiado desde que estaba a los pechos de mi madre. Sobre ti fui echado desde antes de nacer * y fui sustentado por ti. Mi Dios eres desde las entrañas de mi madre, y por tanto a ti será siempre mi alabanza. *

En ti, oh Dios, vivo, me muevo y soy, porque linaje tuyo soy. *

En tus manos está mi vida, y tuyos son todos mis caminos; * porque el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos, * sino que en tu mano están mis tiempos. *

Tú eres el Dios que ha sido mi pastor a lo largo de toda mi vida y que me ha redimido de todo mal. *

Es por tu misericordia, Señor, que no soy consumido, porque nunca decayeron tus misericordias: nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. *

Si me quitas el hálito, dejo de ser, y vuelvo al polvo de donde fui sacado. *

¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? De tu boca, oh Altísimo, proviene tanto lo bueno como lo malo. *