Reconocer el privilegio de acercarme a Dios en oración

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Debo reconocer que es un favor indescriptible y un privilegio inestimable que yo no sólo sea admitido, sino también invitado y animado a acercarme a Dios en oración.

Me has mandado orar siempre con toda oración y súplica y acción de gracias, y con ese fin, velar con toda perseverancia suplicando por todos los santos; * permanecer en oración, y hacer que mis peticiones sean conocidas delante de Dios en todo. *

Me has guiado a pedir, buscar y tocar, y me has prometido que recibiré, hallaré y se me abrirá. *

Has designado un Sumo Sacerdote para mí, en cuyo nombre me acerco confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia en momentos de necesidad. *

Me has asegurado que, mientras el sacrificio de los impíos es abominación a Jehová, la oración de los rectos es aceptable; * y que aquel que ofrece sacrificio de acción de gracias te glorificará; * y que el sacrificio de acción de gracias agradará al Señor más que un buey o un becerro con cuernos y pezuñas. *

Tú eres el que oye la oración, y por lo tanto a ti acudirá toda carne. *

Tú dices: “Busca mi rostro”, y mi corazón te dice: “Tu rostro buscaré, oh Jehová.” * Porque, ¿no consultará la persona a su Dios? * ¿A quién iré sino a ti? Tú tienes palabras de vida eterna. *