Reconocer la eterna omnipresencia de Dios

En mi adoración debo reconocer, particularmente:

2.1

Que es un Dios eterno, inmutable, sin principio de días, fin de vida ni cambio en el tiempo.

Eres el Rey de los siglos, inmortal e invisible. *

Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios; * eres el mismo ayer, hoy y por los siglos. *

Desde el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos. Ellos perecerán pero tú eres el mismo, y todos ellos envejecerán como una vestidura. Como un vestido los mudarás y serán mudados; pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán. *

Tú eres Dios, y no cambias; por tanto, no seré consumido. *

Oh Señor, Dios mío, ¿no eres tú desde el principio, Santo mío? * Tú eres el Dios eterno, el creador de los confines de la tierra. El que no desfallece ni se fatiga con cansancio y cuyo entendimiento no hay quien lo alcance. *

2.2

Que está presente en todas partes, y que no hay lugar en que esté incluido o del cual esté excluido.

Eres un Dios de cerca y un Dios de lejos; nadie puede ocultarse en lugares secretos en que no lo veas, pues tú llenas el cielo y la tierra. *

No estás lejos de cada uno de nosotros. *

No puedo evadir tu Espíritu ni huir de tu presencia: Si subiere a los cielos, ¡allí estás tú! Si en el Seol hiciere mi estrado, ¡he aquí, allí tú estás! Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra, * porque nunca podré librarme de ti.

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