Introducción y Padre Nuestro

En razón de que la oración del Señor se propone no sólo como forma de oración en sí,  sino también como regla directriz, plano o modelo a pequeña escala de acuerdo al cual podamos componer nuestras propias oraciones; y debido a que sus expresiones manifiestan ser de extraordinaria concisión a la vez que sobremanera amplias en su cobertura, nos aprovechará colocar esta oración delante nuestro de tiempo en tiempo para que, al observar el orden y el método que encierra, nos extendamos sobre los varios pasajes y peticiones que contiene, llegando así a hacer uso más inteligente de ella. Daremos aquí tan sólo una muestra del apoyo que para este propósito nos pueden brindar otras partes de las Escrituras.

1

Padre nuestro que estás en los cielos.

Oh Señor, sin duda tú eres nuestro Padre, si bien Abraham nos ignora, e Israel no nos conoce; tú, oh Jehová, eres nuestro Padre; nuestro Redentor perpetuo es tu nombre, * y desde ahora te llamaremos a ti “Padre nuestro, guiador de nuestra juventud.” *

¿No tenemos todos un mismo Padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? * Tú eres el Padre de nuestros espíritus a quien debiéramos sujetarnos y vivir. *

Eres el Padre de las luces, * el Padre de misericordias y Dios de toda consolación; * el Padre eterno, * de quien, por quien y para quien son todas las cosas. *

Eres el Padre de nuestro Señor Jesucristo, * cuya gloria fue la del unigénito del Padre * y el cual está en el seno del Padre: * a tu lado, como arquitecto, siendo a diario tu delicia y en todo tiempo disfrutando de solaz delante de ti. *

En Cristo eres nuestro Padre y el Padre de todos los creyentes a quienes has predestinado para ser adoptados como hijos, * y a cuyos corazones has enviado el Espíritu de tu Hijo, enseñándoles a clamar: ¡Abba, Padre! * Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios; * que el Señor Todopoderoso nos sea por Padre y nosotros sus hijos e hijas, * y que a todos los que lo reciben, a los que creen en su nombre, les sea dada potestad de ser hechos hijos de Dios, los que han nacido no de voluntad de varón, sino de Dios y su gracia. *

Oh que recibir la adopción de hijos, * que como hijos obedientes y genuinos seamos conformados al ejemplo del que nos llamó, el cual es santo; * que seamos imitadores de Dios como hijos amados, * hechos conformes a la imagen de su Hijo, el primogénito entre muchos hermanos. *

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