Venga tu Reino (continuación)

Donde el hombre fuerte y completamente armado ha guardado ya por largo tiempo su palacio y puesto a salvo sus bienes, permite que Cristo, quien es más fuerte que él, lo ataque, le quite las armas en las que ha confiado y reparta el botín. *

Otorga al Hijo del hombre dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvan, * y se entregue el juicio a los santos del Altísimo. *

Que el reino de tu gracia aumente más y más en nuestra tierra y en los lugares en los que vivimos, donde deseamos que la palabra de Dios corra y sea glorificada. * No consientas en que el reino de Dios nos sea quitado y sea entregado a gente que produzca los frutos de él, aunque sea lo que merecemos. *

Concede que el reino de tu gracia se haga presente en nuestros corazones para que sean templos del Espíritu Santo. * Que ninguna iniquidad se enseñoree de nosotros. * Arruina, arruina, arruina el poder de la corrupción en el corazón de cada uno, y que llegue aquél cuyo es el derecho y que éste le sea otorgado; * haz que nos ofrezcamos voluntariamente a ti, cada vez con mayor entrega, en el día de tu poder. * Gobierna en nosotros con  el poder de la verdad para que, al ser de la verdad, oigamos siempre la voz de Cristo, * y no sólo le digamos “Señor, Señor”, sino que también hagamos lo que él nos manda. * Y haz que el amor de Cristo nos constriña y nos controle, * y que su temor esté delante de nosotros  para que no pequemos. *

¡Oh apresura la venida del reino de tu gloria! Creemos que llegará y esperamos el regreso del Salvador, el Señor Jesús, * en las nubes del cielo, con poder y gran gloria. * Confiamos en que se mostrará para alegría nuestra; * amamos su venida; * esperamos y nos apresuramos para la venida del día de Dios. * Prepáranos para ese día, * para que cuando llegue podamos erguirnos y levantar nuestras cabezas con la certeza de que nuestra redención está cerca. * Suplicamos que en nosotros estén presentes de tal manera las primicias del Espíritu que podamos gemir en nuestro interior, esperando la adopción y la redención de nuestros cuerpos, * y deseando partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor. *

Bendito Jesús, acompaña a tus ministros y a tu pueblo, como lo has dicho: Todos los días hasta el fin del mundo. * Luego, de acuerdo a tus palabras: “Ciertamente vengo en breve”, ¡ven, Señor Jesús! ¡Ven pronto! * Cuando sea consumado el misterio de Dios, * apresúrate, amado nuestro, y sé semejante al corzo, o al cervatillo sobre las montañas de los aromas. *

Marque esta página para su próxima visita

Comparta esta página con un amigo

close
Open Utility