Introducción y Peticiones Inclusivas

De la Conclusión de mis Oraciones

Se me ordena orar en todo tiempo, * sin cesar, * perseverando constantemente, * pues me corresponde mantener siempre la fiel disposición a este deber, sin renunciar a él, sin cansarme, o abandonar el ejercicio; pero con todo, no siempre puedo estar orando, y llega el momento de descender del monte. Tampoco puedo extenderme sobremanera a un punto tal que el deber se convierta en una tarea fatigosa para mí o para aquellos que me acompañan. Otras responsabilidades reclaman mi atención. Jacob lucha con el ángel, pero éste debe partir porque raya el alba. * Debo, pues, pensar en concluir. Las oraciones de David, hijo de Isaí, deben terminar. * Pero, ¿cómo finalizar de manera tal que las impresiones causadas por el deber no desaparezcan de la imaginación del pensamiento de mi corazón?

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Puedo concluir mi oración con peticiones inclusivas que resuman todas las demás.

Que el Dios de paz que resucitó de los muertos al Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, me dote de todo lo bueno para hacer su voluntad obrando en mí lo que le agrada por medio de Jesucristo. *

Señor, guíame al amor de Dios y a la paciencia de Cristo. *

Y que el Dios de toda gracia, que me llamó a su gloria eternal en Jesucristo, después de que haya padecido un poco de tiempo, me perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. *

 Señor, ¿qué esperaré? Pues eres mi esperanza * y de ti dependo, porque eres el Dios Todopoderoso, y el todo-suficiente. *

Haz por mí más de lo que puedo pedir o entender, según el poder que actúa en mí, * supliendo todas mis necesidades conforme a tus riquezas en gloria en Cristo Jesus. *

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