Introducción y Reconocimiento de la Necesidad de Humillarme Delante de Dios

De la Segunda Parte de la Oración, que incluye Confesión de Pecado, Acusaciones Dirigidas a mí Mismo y Declaraciones Humildes de Arrepentimiento.

Después de haber atribuido la gloria debida a Dios, * el siguiente paso es sentirme avergonzado de mí mismo por mis propios pecados y vilezas ante Él, y glorificarle * como mi Juez por el cual merezco ser condenado, y sin embargo espero, en Cristo, ser absuelto y eximido.

En esta parte de mi trabajo,

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Debo reconocer la gran razón por la cual tengo que rebajarme en extremo delante de Dios, avergonzarme de mí mismo cuando me aproximo a su presencia, y temer su ira, habiéndome vuelto tanto detestable a su santidad como insoportable ante su justicia.

Oh Dios mío, estoy confuso y avergonzado para levantar mi rostro hacia ti, mi Dios, porque mis iniquidades se han multiplicado sobre mi cabeza y mis delitos han crecido hasta el cielo. *

Mía es la confusión de rostro, porque contra ti he pecado. *

He aquí que soy vil; ¿qué te responderé? Pondré mis manos sobre mi boca, * y puesta mi boca en el polvo, por si aún hay esperanza, * lloro como el leproso condenado por la ley: ¡Inmundo! ¡Inmundo! *

No confías en los tuyos, y ni aun los cielos son limpios delante de tus ojos; ¡cuánto menos el hombre abominable y vil, que bebe la iniquidad como agua! *

Mis ojos han visto al Rey, a Jehová de los ejércitos; tengo razón para decir: “¡Ay de mí, que muerto estoy!” *

El señorío y el temor están contigo; haces paz en tus alturas: ¿Tienen tus ejércitos número? ¿Sobre quién no está tu luz? ¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios? O ¿cómo será limpio el que nace de mujer? *

Pero tú, ¡has de ser temido! ¿Quién podrá estar en pie delante de ti cuando se encienda tu ira? * Tú, Dios, eres fuego consumidor, * ¿quién conoce el poder de tu ira? *

Aunque estuviera en lo correcto, mi propia boca me condenaría; si dijere que soy perfecto, me harás saber que soy inicuo; * pues si quiero contender contigo, no te podré responder a una cosa entre mil. *

Si de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; porque tú, Señor, eres el que me juzgas, * eres mayor que mi corazón y sabes todas las cosas. * Pero yo sé que he pecado, Padre, contra el cielo y contra ti, y no merezco ser llamado tu hijo. *

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