Aférrate al Incentivo que Dios te ha Dado para Confesar tus Pecados

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Debo apropiarme del gran incentivo que Dios me ha dado para humillarme delante de Él con vergüenza y dolor y confesar mis pecados.

Oh Señor, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado; * porque en ti hay misericordia; sí, con mi Dios hay abundante redención; y Él redimirá a Israel de todas sus iniquidades. *

Tus sacrificios, oh Dios, son el espíritu quebrantado, pues al corazón contrito y humillado no desprecias, oh Dios; * verdaderamente eres el Alto y Sublime, el que habita en la eternidad, y cuyo nombre es el Santo; * aunque el cielo es tu trono y la tierra tu estrado, éste es aquel al cual mirarás: aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a tu palabra, * para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados. *

Compasivamente me has asegurado que aquellos que encubren sus pecados no prosperarán, pero que los que los confiesan y se apartan alcanzarán misericordia. * Y que cuando el pobre arrepentido dice: confesaré mis transgresiones al Señor, tú perdonas la maldad de sus pecados; por tanto, de la misma manera, todo santo orará a ti en el tiempo en que puedas ser hallado. *

Sé que si digo que no he pecado, me engaño a mí mismo, y la verdad no está en mí; pero tú has dicho que, si confieso mis pecados, eres fiel y justo para perdonarme y limpiarme de toda maldad. *

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