Profesa Humildemente tu Dolor y Vergüenza por tu Pecado

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Debo profesar humildemente mi pesar y vergüenza por el pecado, y asimismo comprometerme, con la fuerza de la gracia divina, a ser y actuar mejor en el futuro.

Señor, me arrepiento, porque se ha acercado el reino de los cielos, * para el cual has exaltado a tu hijo, Cristo Jesús, para dar arrepentimiento y perdón de pecados. *

De oídas te había oído, mas ahora mis ojos te ven; por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza; * y seré asimismo como paloma de los valles, gimiendo por mi iniquidad. *

¡Oh si mi cabeza se hiciese aguas, y mis ojos fuentes de lágrimas para llorar día y noche * por mis transgresiones, y pueda así sembrar con esas lágrimas para segar al fin con gritos de regocijo! Que pueda hoy salir llorando, llevando la simiente que ha de sembrarse, y luego, en el debido tiempo, regresar a casa con gritos de júbilo trayendo mis gavillas conmigo. *

Mis iniquidades se han agravado sobre mi cabeza; como una carga pesada se han agravado sobre mí; * pero trabajado y agobiado por esta carga, vengo a Cristo, quien me ha prometido que en él hallaré descanso para mi alma. *

Ojalá que conociendo la aflicción de mi propio corazón * pueda yo mirar a aquel al cual traspasaron, y llorar y afligirme por él como quien se aflige por el primogénito. * Que pueda entristecerme según Dios, con esa tristeza que produce arrepentimiento para salvación, de la cual no hay que arrepentirse; * y que me acuerde y me avergüence, y nunca más abra la boca, a causa de mi vergüenza, cuando hayas perdonado todo lo que hice. *

¡Ojalá pueda hacer frutos dignos de arrepentimiento! * Y que nunca vuelva a la locura; * porque ¿qué más tendré ya con los ídolos? * Porque el pecado no se enseñoreará de mí, pues no estoy bajo la ley, sino bajo la gracia. *

He andado errante como oveja extraviada; busca a tu siervo, porque no me he olvidado de tus mandamientos. *

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