Confiesa y Lamenta tu Corrupción Original

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Debo, por tanto, confesar y lamentar en primer lugar mi corrupción original, siendo descendiente de padres apóstatas y rebeldes, y que la naturaleza del hombre es depravada y ha degenerado miserablemente de su pureza y rectitud primitivas: Tal es mi caso.

Señor, tú hiciste a los hombres rectos, pero ellos buscaron muchas perversiones; * y estando en honra, ellos no entendieron, y por lo tanto no permanecieron, sino que se hicieron semejantes a las bestias que perecen. *

El pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; * por la desobediencia de ese hombre los muchos fueron constituidos pecadores, * incluyéndome.

Pertenezco a una generación de malignos; * mi padre fue amorreo, y mi madre hetea; * y yo mismo fui llamado (no sin razón) rebelde desde el vientre, y tú sabías que yo sería desleal. *

La naturaleza del hombre fue plantada de vid escogida, toda ella simiente verdadera, pero se ha vuelto sarmiento de vid extraña * que produce las uvas de Sodoma y los racimos de Gomorra. * ¡Cómo se ha ennegrecido el oro! ¡Cómo el buen oro ha perdido su brillo! *

He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. * ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie. * Por naturaleza soy hijo de ira y de desobediencia, lo mismo que los demás. *

Toda carne ha corrompido su camino; * todos nos hemos desviado; a una nos hemos corrompido; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. *

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