Lamenta tu Disposición al Mal y Confiesa que tu Entendimiento es Ciego y tu Voluntad Obstinada

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Debo lamentar mi presente disposición corrupta hacia lo malo, y mi indisposición e incapacidad en cuanto a lo que es bueno. Debo mirar mi propio corazón y confesar con santo rubor:

4.1

La ceguera de mi entendimiento y su ineptitud para admitir los rayos de la luz divina.

Por naturaleza mi entendimiento es entenebrecido, ajeno de la vida de Dios por la ignorancia que en mí hay, por la dureza de mi corazón. *

Las cosas que son del Espíritu de Dios son locura para el hombre natural; y ni yo las puedo entender, porque se disciernen espiritualmente. *

Soy ‘sabio’—¡para hacer el mal! Pero no sé hacer el bien. * No sé, no entiendo, ando en tinieblas. *

En una o en dos maneras habla Dios, aunque yo no lo percibo; * oigo de veras, pero no entiendo; * veo a los hombres, pero los veo como árboles que andan. *

4.2

La obstinación de mi voluntad y su ineptitud para someterse a las reglas de la ley divina.

Tengo una mente fija en las cosas de la carne, la cual es enemiga de Dios, no se sujeta a la ley de Dios ni tampoco puede. *

Si escribieras para mí las grandezas de tu ley, las tendría por cosa extraña. * Mi corazón corrupto ha estado a veces dispuesto a decir: “¿Quién es el Todopoderoso, para que le sirva?” * Y: “Pondré por obra toda palabra que ha salido de mi boca.” * Porque he andado en los caminos de mi corazón y en la vista de mis ojos, * haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos. *

Mi cerviz es como barra de hierro, * y he endurecido mi corazón como un diamante; no he querido escuchar, he vuelto la espalda, y he tapado mis oídos * como el áspid sordo que no oye la voz del que encanta por más hábil que éste sea. *

¡Cómo he aborrecido el consejo, y mi corazón ha menospreciado la reprensión! No oí la voz de los que me instruían, y a los que me enseñaban no incliné mis oídos. *

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